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NOÉ

Publicado: septiembre 11, 2010 en Génesis
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Después de la salida de Adán y Eva del Huerto, Dios les da dos hijos, Caín y Abel. Podemos asumir que Adán fue fiel en transmitir la promesa hecha en Edén a sus hijos, y sabemos que ellos conocían de Dios. Cuando Caín mata a Abel y es expulsado y castigado por Dios, este se aleja de Dios y su linaje termina en pecado y venganza. Dios, por otro lado, restituye el hijo asesinado por medio de Set, el cual continúa la linea de los elegidos. Desde Adán hasta Noé tenemos solo diez personas, cada uno transmitiendo a su hijo la promesa hecha en el huerto. Todos ellos tenían su mente puesta en aquel evento, mientras los hijos de Caín vivían de manera corrupta.

EL DILUVIO

Entonces Dios llama a Noé como cabeza de pacto, y entra en una relación con él. Dios lo llama porque tiene pensado decrear el mundo, y regresarlo al agua, por medio de un diluvio universal. El diluvio es el juicio de Dios sobre la humanidad por su maldad, por su pecado, por no guardar las distinciones ni la promesa. En el futuro habrá un juicio similar, cuando Dios renueve su creación por medio del fuego. Noé, como cabeza de pacto, es rescatado junto con sus hijos; así se salvan él y su esposa, sus tres hijos y las esposas de sus hijos.

EL ARCA

Comienza el diluvio, y en medio de toda aquella destrucción y caos se ve una embarcación que flota a la deriva, sin timón y sin vela, llevada de un lado a otro, y dentro de ella el último vestigio de orden en el mundo. El arca es como un pequeño mundo ordenado, un micromundo, con tres pisos que representan el cielo, la tierra y debajo de la tierra. En cierta forma el arca es también como un templo. Esto porque las únicas veces que Dios da medidas específicas para construcciones en la Biblia son para el tabernáculo y para el templo. El arca es como un templo porque en ella se guardaban aún las distinciones establecidas por Dios que en el resto del mundo se habían perdido.

EL PACTO

El pacto con Noé aparece en dos partes. Primero, antes del diluvio, Dios lo escoge como representante, así como lo había hecho con Adán, y así como lo hizo con Jesucristo, nuestro representante, y establece de manera formal lo que quiere de Noé y le comunica exactamente lo que tiene planeado hacer, de tal forma que Noé predica (2 Pedro 2.5) con propiedad y anuncia que se avecina un diluvio, ante la incredulidad de los hombres.

Al igual que Noé, nosotros los creyentes conocemos los detalles del pacto, ya que Dios no nos ha ocultado nada en este sentido. Los pseudocristianos se atribuyen nuevas revelaciones, como si se necesitara ser especial para conocer el pacto. Y aseveran que por su posición espiritual especial tienen acceso a cierta información que los demás no conocen. Como en el misticismo, estos son los shamanes y los brujos que conocen la verdad, y la dan a conocer a los demás que no pueden. Los creyentes tenemos acceso a todos los detalles del pacto y a los planes de Dios porque él los ha dejado revelados en su Palabra. Él nos ha dado a conocer todo lo que debemos saber con respecto a su pacto, sus promesas, sus planes, y su obra en y a través de nosotros. Su Palabra es fiel y se va a cumplir, como lo ha hecho desde siempre. No debemos buscar novedades en el cristianismo, sino recordar lo que ya Dios nos ha enseñado y transmitirlo.

La segunda parte del pacto se da después de salir Noé del arca. Cuando sale ofrece sacrifico en holocausto. ¿Por qué lo hace? Imaginen:

Noé viene saliendo de un pequeño orden, micromundo, un templo donde había sido rescatado por la gracia de Dios junto con su familia. Sale a un mundo que ha sido purificado por Dios, y observa la devastación ocasionada por su generación. Al ver el mundo después de haber sido purificado, no le queda sino comprender cuán santo es Dios, y cuán pecador él es. Noé ofrece holocausto, que es ofrenda quemada totalmente, porque reconoce su propio maldad.

Entonces Dios establece su pacto con Noé, y le dice que debe multiplicarse y llenar la tierra, al igual que los animales que salieron del arca con él. Además, por primera vez, se le permite al hombre comer carne de animales. Antes de esto, tanto animales como el hombre eran todos vegetarianos. Es posible que esta libertad haya ocasionado la extinción de muchas especies “prehistóricas”. Los hombres no debían ingerir la sangre de los animales, ya que esta representa su única esperanza. El perdón de sus pecados está presente en el derramamiento de sangre, por eso se debe respetar. También se instituye la pena de muerte, la cual sigue vigente hasta la actualidad. El hombre o animal que derrame sangre de hombre, por la mano del hombre deberá ser puesto a muerte, porque el hombre fue creado a imagen de Dios. Por eso no es lo mismo matar un perro que matar a un hombre. Por eso matar un pájaro no es considerado un homicidio, aunque sí somos llamados a ser mayordomos de la creación, y a no matar despiadadamente ni arrasar con los seres creados por Dios solo por diversión. Los hombres, al ser los únicos creados a imagen de Dios, tienen una posición privilegiada en medio de la creación, y su homicidio debe ser considerado serio y debe ser castigado con la muerte.

Este pacto con Noé es también conocido como el pacto de preservación, porque Dios promete que “mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán”. Dios promete cuidar de su creación y encargarse de todos los ciclos necesarios para la vida continúen ininterrumpidos. Podemos acostarnos cada noche con la confianza de que al día siguiente saldrá el sol. No debemos preocuparnos como lo hacen los incrédulos que viven agobiados por la idea de que el mundo puede acabar, que la naturaleza se encargará de destruirnos, que “volveremos al hielo”, que la vida acabará por culpa del hombre. Aunque es cierto que nuestras acciones han tenido efectos negativos, no debemos temer al 2012. Dios estableció una señal para sí mismo: el arco iris. Cuando él lo ve se acuerda de su pacto con la humanidad, y podemos descansar en la promesa de que él preservará la vida en este planeta “mientras la tierra permanezca”.

REMANENTE

Publicado: julio 28, 2010 en Reflexión
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ESTA ENTRADA ESTÁ DEDICADA A ALGUNOS DE MIS ALUMNOS DE DÉCIMO (AHORA UNDÉCIMO). AQUELLOS QUE SE HAN LEVANTADO EN SU CLASE, COMO UNO CONTRA EL MUNDO. QUE DIOS LES PERMITA PERSEVERAR HASTA EL FIN. NO ESTAMOS SOLOS.

Siempre hemos sido pocos. Desde el principio, en Génesis, observamos a Dios obrando a través de una minoría. Vemos a los hijos de Adán y Eva, Caín y Set, con sus descendencias. Vemos el registro de los muchos hijos de Caín, el cual termina en venganza y pecado; y por el otro lado vemos el de los hijos de Set, que son sólo nueve hasta llegar a Noé, el único hombre justo en la tierra. En ese momento la descendencia de Caín se había multiplicado en gran manera, y su hijos poblaban la tierra, una generación perversa que no conocía de Dios.

Después del diluvio, la tierra es repoblada y nuevamente los hombres se alejan de Dios. Y entonces, de casa de idolatría, Dios llama a Abraham y lo hace cabeza del pacto. Un pacto con él y su descendencia. La línea sigue siendo estrecha, y son pocos los que entran en el pacto. Incluso más adelante, cuando el pueblo de Israel crece y se multiplica, son algunos los que reconocen a Dios como su Dios y no todos. Hasta el punto en que, en época de los reyes, se dividen en aquellos que honran el pacto con David, el reino de Judá, y el resto de Israel que se volcó y siguió a un rey que no pertenecía al pacto.

Así ha continuado la historia desde siempre. Dios ha trabajado con unos pocos. Fueron pocos los que se levantaron contra las falacias de la iglesia católica y dieron paso al evangelio puro. Y después de ahí han sido pocos los que ha procurado mantenerse dentro de ese evangelio.

Al crecer, me emocionaba grandemente cuanto escuchaba de campañas evangelísticasconcurridas, iglesias enormes que alvergaban miles de creyentes, y movimientos cristianos que crecían desconmedidamente. Sin embargo, al pasar el tiempo, para nadie es secreto que son pocos los que prevalecen. Cuando las emociones pasan y los ánimos se enfrían, muchos regresan al lugar de donde salieron, porque la planta no echó raíz profunda y el sol la seco. Ahora temo cuando escucho de una iglesia que procura alcanzar miles de personas; me pregunto qué clase de cristianismo vivirán aquellos que se mueven entre las multitudes, sin una relación personal con otros hermanos ni con un líder que les ayude a crecer.

El mismo Jesús, cuando estuvo aquí en la tierra, trabajó con un número bastante reducido. Tenía a Sus tres discípulos cercanos, quienes le acompañaron en la transfiguración; luego estaban los doce; después los que creían en Él pero no estaban fuertemente involucrados; y por último la multitud, aquellos que cautivados por sus maravillas y emocionados por algo nuevo, tomaron palmas y le alabaron cuando entraba a Jerusalén, y pocos días después gritaban ante Pilato”¡crucifíquenle!”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. Incluso dentro de la iglesia cristiana podemos ver que existen muchos que dan la espalda al evangelio bíblico y abrazan al dios Misticismo y a la diosa Prosperidad.

En ocasiones este pensamiento puede desanimarnos. Podemos, como Elías, pensar que estamos completamente solos y declarar “sólo yo he quedado”. Pero, hermanos, no nos dejemos engañar, habemos muchos (en comparación con uno) que no hemos doblado nuestras rodillas ante los dioses de este mundo, por la gracia de Dios. Y es que sólo por Su gracia podemos permanecer firmes, porque Él nos da tanto el querer como el hacer por Su buena voluntad. Y aunque realmente estuviéramos solos, Su gracia en nosotros ha de ser suficiente para seguir adelante y perseverar hasta el fin. Porque mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo.

Dios me ha permitido ver claramente que existen muchos hermanos en Cristo que se están esforzando diariamente por conocer y dar a conocer el verdadero evangelio. Realmente no estamos solos. Hagamos de esta nuestra causa y tratemos de conocer ese evangelio que de alguna manera se ha perdido entre tantas denominaciones, muchas de las cuales lejos de ser cristianas dan muestras más claras de neo-paganismo y misticismo. Abracemos ahora nuestro llamado a ser fieles para con Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Brillemos en este mundo oscuro y vivamos el verdadero evangelio de Jesucristo.

Egipto, Canaán, Babilonia, Roma… En medio de todos estos pueblos paganos, Dios ha levantado a Su pueblo y le ha permitido manifestarse para Su gloria. Tenemos nuestro propio Egipto hoy, nuestra Babilonia personal, en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en la comunidad, en nuestra familia, y en la misma iglesia. Ahora es el tiempo de que el remanente de Dios, aquellos que creemos, Su pueblo de pacto, nos levantemos como uno contra el mundo.