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“Destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”.

Como dije en la primera parte de este artículo, una cosmovisión verdaderamente cristiana es aquella en la que todo lo que la persona conoce, todo lo que hace y todo lo que siente debe estar en consonancia con la revelación de Dios en su Palabra, es decir, en su Hijo. La única manera de entender este mundo apropiadamente es a través del lente de la Escritura que dirige la mirada constantemente a la persona de Cristo, pues “todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen”. No existe otro punto de referencia.

En este artículo me propongo señalar la tercera y última de tres doctrinas falsas que se nos enseñan como verdades en este mundo, y veremos cómo responde una cosmovisión cristiana ante estos ataques. La posición que tomemos tendrá implicaciones eternas.

III. Egocentrismo vs. Cristocentrismo

La caída del hombre en Génesis 3 marca el tono de la actitud de los hombres a lo largo de la historia hasta nuestros tiempos. Cuando Adán y Eva pecaron, escogieron rechazar su identidad en Dios y formar para sí mismos una identidad propia, separada de su Creador. Ya no querían estar con Dios, sino que querían ser dios. Ya no querían andar con Dios, sino que querían andar como dioses por el mundo. Ya no querían conocer el mundo a través de Dios y su revelación, sino que quisieron conocer el mundo a través de un punto de referencia incompleto y defectuoso, es decir, a través de sí mismos. Ya no querían que Dios fuera el centro de sus vidas, sino que ellos quisieron ser el centro. Y al desobedecer, quedaron sujetos a sí mismos, a sus pasiones, para vergüenza propia y de todas las generaciones en ellos representadas. Y esta misma actitud prevalece en el mundo hoy. “El hombre —no DIos— es la medida de todas las cosas”.

Podríamos pensar en todos los ídolos de la historia y en los ídolos de la actualidad, y si hiciéramos un análisis profundo, consistentemente notaríamos que detrás de cada ídolo el verdadero objeto de la adoración del hombre es el hombre mismo. Todos los dioses que el hombre se inventa existen para traer satisfacción al hombre mismo, para que el hombre sea feliz, para que el hombre logre lo que quiera. El sistema de este mundo nos dice que el hombre debe escoger y procurar un estilo de vida que le traiga placer, fama y realización personal. Es necesario que el hombre acumule todos los bienes materiales que pueda para disfrutarlos él y quizá algunos que lo rodean y para recibir, eso sí, alabanza de todos. Incluso en muchas iglesias que se denominan cristianas, la imagen que tienen de Dios es distinta del Dios de la Biblia. Se trata de un Dios mesero que espera a la mesa de los hombres para recibir sus órdenes y satisfacer todos sus caprichos: que quieren una mansión, que quieren un automóvil último modelo, que quieren cuentas bancarias que se desborden, que quieren prosperidad en sus negocios, que quieren, que quieren, que quieren… El hombre es el centro del universo.

¿Recuerdan la imagen del hombre en un bote en medio de un mar tormentoso de casualidades? En este bote, el hombre tiene a su alcance un mapa, un mapa fijo en el cielo, colocado ahí por el Creador, que le puede guiar a puerto seguro. Pero el hombre, en su rebelión, no quiere mirar al cielo, y prefiere seguir batallando a ciegas. En medio de la tempestad, el único punto de referencia que tiene es sí mismo. Pero, ¿qué tan lejos podrá llegar si solo se mira a sí mismo? Tal es la necedad del hombre que desperdicia su vida centrándose en sí mismo. Y es que no existe forma más egoísta de vivir, que incluso las buenas obras que hace a los que le rodean se desprenden de un corazón que se quiere sentir satisfecho y quiere mostrarse digno para recibir alabanza. No existen verdaderas obras de amor al prójimo a menos que el hombre deje de amarse a sí mismo, lo cual, por naturaleza, le es imposible. Ese es el corazón del pecado.

Pero las estrellas están ahí, fijas en el cielo, constantes y claras. La revelación de Dios en su Palabra nos da a conocer el mapa de la vida. ¿Cuál es mi propósito? ¿Para qué estoy aquí? El cristiano halla la respuesta en Dios. Su identidad se encuentra en Cristo. El cristiano procura entender el mundo a través de la Palabra de su Creador. En este sentido es el Verbo del Padre el que ofrece el punto de referencia; Jesús, el verdadero hombre, es la medida de todas las cosas”. Jesús es el mapa escrito en el cielo.

Al reconocer nuestra absoluta necesidad de Cristo, automáticamente reconocemos nuestra absoluta inutilidad en nuestra condición actual de criaturas caídas. Es por esto que Cristo nos llama a negarnos a nosotros mismo, a dejar de mirarnos a nosotros como el centro del universo, a tomar nuestra cruz, ir en contra del sistema, todos los días, y seguirle a Él, nuestro nuevo punto de referencia. Al hacer esto, la persona no queda anulada, sino que por el contrario empieza  a cumplir el verdadero propósito con el cual fue creada. Al arrepentirse y creer en Cristo, su naturaleza caída es renovada, transformada, re-creada, de modo que ahora ama lo que antes aborrecía y aborrece lo que antes amaba. Ahora puede amar a Dios con todo su corazón, con toda su mente, con toda su alma, con todas sus fuerzas; ahora puede amar al prójimo genuinamente; ahora puede hacer morir poco a poco todo rastro del pecado en su vida. Con este fin, el cristiano buscará un futuro para sí en el que pueda ser de mayor bendición a la mayor cantidad de personas; buscará una profesión que concuerde con sus dones y capacidades, honrando así a su Creador que se los dio; y con todo lo que conoce, hace y siente, buscará honrar a Aquel que lo libró de los efectos del pecado y le dio nueva vida y una esperanza segura; Aquel que le devolvió su propósito; su verdadero Señor y Salvador, Jesucristo.

Conclusión

El que conmigo no siembra, desparrama”.

Pensemos en las generaciones que vienen detrás de nosotros. ¿Servirán a Dios nuestros hijos, o servirán a los dioses de este mundo —se servirán a sí mismos—? Debemos recordar que “toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. En muchos hogares cristianos, se trata la Escritura más bien como algo inútil. Ante la prueba y las dificultades que nos ofrece este mundo, ante el desafío de criar a nuestros hijos, terminamos recurriendo al sistema de este mundo en busca de sabiduría y consejo. Pero en este sistema la Biblia no se abre, ni si quiera se toma en consideración. Y si nosotros, los padres cristianos, no sembramos en nuestros hijos el poner la mirada en Cristo, entonces estamos desparramando sus almas a merced de las corrientes humanistas de este mundo.

Hemos recibido la gran comisión de hacer discípulos y los discípulos más inmediatos que tenemos son nuestros propios hijos. Debemos dar un testimonio consistente: nuestro conocimiento, acciones y carácter deben coincidir. No podemos enseñar aquello de lo que no estamos convencidos. Se notará y nuestros lo verán. Si no somos consistentes, deshonraremos a Cristo en conocimiento, en acción o en carácter. Y la mala noticia es que para nosotros, de este lado del cielo, será imposible ser completamente consistentes. Pero es en esos momentos de flaqueza y debilidad, en esos momentos de error, en esos momentos de pecado, que podremos enseñar a nuestros hijos la lección más valiosa de todas. El mejor modelo es el del padre que busca entender el mundo de acuerdo con la Palabra de Dios, y que cuando no lo logra, cuando no atina, cuando peca, depende completamente de Cristo para el perdón de sus pecados, descansa en sus promesas y en su amor seguro, y recurre a su Espíritu Santo para que le ayude a perseverar y le vaya renovando día a día. Así seremos consistentes incluso en medio del fracaso, y nuestros no pondrán su mirada en nosotros, sino en Cristo. No podemos asegurarnos de que nuestros hijos crean en Cristo, pero podemos asegurarnos de que, cuando llegue el momento, sepan qué es lo que están abrazando o lo que están rechazando.

Que Dios nos ayude a ser dignos representantes de la cosmovisión cristocéntrica en un mundo que la ataca y la desafía por todos los flancos; que podamos honrar a su Hijo con todo lo que pensamos, hacemos y somos de manera consistente; que nos preserve y nos anime a seguir adelante, recordando que ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lo que Satanás hizo en el huerto sigue siendo su esquema para engañar y lo ha sido por todas las generaciones. Es importante prestar especial atención a este engaño, ya que así podremos identificar y señalar con propiedad las mentiras que plantea hoy, y que en realidad, no ha cambiado mucho.

LA TENTACIÓN

Satanás empieza su proceso en Génesis 3, donde procura deshacer las distinciones que Dios había establecido:

I. “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” Cuestiona la Palabra de Dios, intentando romper disimuladamente la distinción entre palabra de Creador y palabra de criatura. La pregunta que Satanás plantea no es una pregunta sincera, sino una pregunta llena de malicia y planteada con el único propósito de poner en duda lo que el Creador había dicho. ¿Acaso no sigue siendo este su modo de operar? ¿No sigue poniendo en duda el contenido de la Palabra de Dios, la Biblia?

Me contaron de un artículo que sacaron los testigos de Jehová hace cuyo título era: Seis mitos del Cristianismo, y entre ellos mencionan el nacimiento virginal, la deidad de Cristo, la Trinidad, y el castigo eterno. ¿Acaso no están poniendo en duda la Palabra de Dios de forma abierta, con fábulas nacidas de corazones malvados que no quieren aceptar la autoridad de la Biblia?

II. “Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.” Satanás busca primero a la mujer, y ella se presta para conversar. El rol de Eva no era el de cabeza, sino el de ayuda idónea, pero ella no toma su rol, sino que se deja llevar y pretende ser la que manda. En lugar de buscar a su marido, toma la situación en sus propias manos. Aquí Satanás está negando la distinción entre hombre y mujer.

III. “No moriréis” Ahora Satanás niega abiertamente la Palabra de Dios, y no sólo eso, sino que niega el castigo por desobedecer. Con estas palabras deshace la distinción entre Palabra de Dios y palabra de criatura. Eva tiene ahora dos opciones: creer lo que le fue comunicado, posiblemente por Adán, acerca de lo que Dios había dicho, o creer esta “nueva revelación” que Satanás le está dando.

Una de las mentiras más antiguas que Satanás ha sembrado en los corazones de la humanidad es la idea de que Dios no castiga. Que el infierno no existe, porque si Dios es bueno y es amor, ¿cómo podría haber creado un lugar de sufrimiento eterno? Estos cuestionamientos no son menos que un eco de aquellas palabras en el huerto: “No moriréis”. Dios es un Dios justo que juzga con justicia. No debemos olvidar que si bien es cierto que Dios es amor, también es cierto que es tres veces Santo, y que nunca su amor pasa por encima de su santidad ni viceversa. Para salvarnos del castigo eterno, primero tuvo que satisfacer su justicia con la muerte de su propio hijo. Nunca quitó el castigo, sino que lo impuso sobre el Cordero que fue propiciación por nuestros pecados.

IV. “Serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” La parte con menos sentido lógico de la tentación fue la que caló más profundamente en el corazón de Eva. ¿Acaso no tenían ya sus ojos abiertos? ¿Acaso no podían ver lo que había a su alrededor? ¿Cómo que serán abiertos nuestros ojos? “Sí, serán abiertos, podrán ver realmente, no lo puedo explicar, se abrirán sus ojos espirituales” ¿Qué quería decir con “y seréis como Dios”? ¿Acaso no habían sido creados a imagen de Dios? ¿No es cierto que de todas las criaturas ya tenían una posición privilegiada en Dios? “Sí, pero ahora serán como dioses, estarán iluminados, es un estado espiritual especial, diferente, tienen que vivirlo para entenderlo” y por último: “sabiendo el bien y el mal”. ¡Ah, qué bien! ¿Es que no conocían el bien ni el mal? ¡Claro que lo conocían! Lo bueno: no comer del árbol, lo malo: comer, desobedecer a Dios, y morir. “Sí, pero ahora podrán ver de verdad, ser pequeños dioses, iluminados, y entenderán los misterios, el secreto, cosas que ahorita no entienden, no lo puedo explicar, deja de cuestionar mis palabras con razonamientos lógicos y come del fruto que te ofrezco, sólo así entenderás”. Esta tentación no eran más que palabras vacías, y sin embargo se sigue escuchando el mismo susurro en cada secta, cada falsa religión, cada cultura, todas utilizan el mismo vocabulario: ojos abiertos, ser como dioses, conocer el bien y el mal.

Da temor pensar en cómo estas tonterías se han introducido incluso en la iglesia cristiana de hoy, dando nacimiento a un pseudo-cristianismo plagado de misticismo y rituales que distan poco deotras religiones paganas. Debemos enfocarnos en lo que realmente enseña la Palabra de Dios, y colocar eso como base para nuestro andar cristiano. No nos dejemos engañar por las mentiras disfrazadas que Satanás ha plantado, y no nos dejemos llevar por los falsos maestros de nuevas corrientes que en el nombre de Dios y con la Biblia en la mano, niegan abiertamente las verdades reveladas por Dios a través de los siglos.

El resultado de la tentación todos lo conocemos. Eva comió del fruto y le dio a su marido para que también comiera.  El versículo 6 da a entender que Adán no estaba lejos de Eva cuando ocurrió la tentación. Y es cierto que sus ojos fueron abiertos, pero no para iluminación y alcanzar una posición honrosa, sino para vergüenza. Conocieron su debilidad, su condición indefensa, su separación de Dios, su desnudez. Por eso, después de haberse hecho unos tristes delantales con hojas, al oír la voz de Dios, se esconden.

UNA ESPERANZA

En este proceso Dios busca restablecer lo que Satanás se había encargado de dañar en los corazones de Adán y Eva.

Dios empieza por llamar a Adán, no a Eva, pues el encargado de cuidar el huerto y protegerlo de la serpiente era él. Llama al hombre y le pide cuentas. Este se encontraba escondido y al escuchar a Dios pone en evidencia su nueva condición: “tuve miedo, estaba desnudo, y me escondí.” Dios, como dándole la oportunidad de reconocer su fallo y arrepentirse de su pecado, le pregunta (como si no supiera): ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del que yo te mandé no comieses? Pero Adán  es rápido en quitarse del centro de atención y echa la culpa a otro. Y digo a otro, porque aunque pareciera en primera instancia que está culpando a Eva, en realidad está culpando a Dios por lo que sucedió: “la mujer que me diste“.

Ahora Dios se vuelve a la mujer y le pide cuentas. Pero Eva, siguiendo el ejemplo de su marido, busca echar la culpa a su nuevo amigo que la había traicionado y la había engañado.

Entonces, ante la falta de arrepentimiento en ambas sus criaturas, Dios empieza a pronunciar sus castigos, todos símbolos de la muerte que habían entrado a la humanidad. Empieza por la serpiente, Satanás, a quien proféticamente condena a arrastrase y comer polvo el resto de sus días. Desde el principio Satanás ha sabido que está destinado al fracaso y a la derrota. Luego rompe la relación que se había hecho entre la mujer y la serpiente, declarándolos enemigos por siempre. Y termina ofreciendo una promesa de esperanza: uno de la simiente de la mujer vendría, y aunque sería herido en el calcañar por la serpiente, al final este le aplastaría la cabeza.

A la mujer le multiplica sus dolores de parto, y restablece su relación con su marido, sometiéndola a él. Que el marido se enseñoree de su mujer se cumple en todas las parejas, el problema es que muchos varones se enseñorean de sus mujeres utilizando como medios la agresión y la violencia física. El marido cristiano debe saber ser cabeza de su hogar, pero utilizando como medios la justicia, la santidad, y el amor, sin abusar de su mujer, sino tratándola como Cristo a su iglesia, velando por su bienestar en cada decisión, procurando su crecimiento espiritual, y estando siempre dispuesto a dar su vida por amor a ella. Esto hará más fácil para la mujer negar su propio orgullo y echarse en los brazos de un marido que realmente la ama y que está dispuesto a cuidar de ella con su propia vida.

Al hombre lo castigó en su trabajo. No es que el trabajo sea el castigo, sino que el castigo recayó sobre el trabajo que ya debía llevar a cabo. Seguiría labrando la tierra, pero ahora lo haría con sudor, y la tierra no siempre produciría frutos buenos. Y finalmente, la muerte sería su destino final, “porque polvo eres, y al polvo volverás”.

En el versículo 21 se hace como un preámbulo de lo que sería necesario para restablecer la relación entre el hombre y su Creador, a saber, el derramamiento de sangre. Para cubrir la debilidad del pecado del hombre, su desnudez, Dios derrama la sangre de animales y con sus pieles viste al hombre y a su mujer. Desde ese momento se ve claramente que el autor, dador y consumador de la salvación de sus hijos sería el mismo Dios, y que él mismo proveería los medios necesarios para redimirlos. Ningún delantal hecho de hojas secas por manos humanas es suficiente para cubrir la desnudez del pecado del hombre; se necesita la intervención directa de Dios, quien derramando sangre inocente del Cordero inmolado en propiciación por los pecados, viste a sus hijos con túnicas nuevas, hechas de Su propia mano.

El resultado final del pecado fue la separación de Dios de sus criaturas. Él los saca del huerto del Edén, que era el santuario santo donde comían del árbol de la vida y caminaban con Dios, y les cierra la entrada poniendo un ángel y una espada encendida. El que quisiera entrar tendría que ser degollado e incinerado. Y es que el pecado manchó de tal manera al hombre, que la única manera de presentarse ante Dios sería que no quedara nada de él. Como aquel animal que era ofrecido en holocausto sobre el altar, como sustituto de algún pecador, a la entrada del tabernáculo, que debía ser degollado, su sangre derramada, desollado, lavado, y finalmente completamente incinerado.

Seamos conscientes de la gravedad que implica nuestro pecado delante de Dios, y sólo así entenderemos el verdadero significado de la muerte de Cristo en la cruz, quien se ofreció totalmente como sustituto y recibió sobre sí toda la ira del castigo, para darnos vestiduras santas y asegurarnos entrada a la presencia de Dios donde comemos del árbol de la vida eterna y andamos con Él.

Esta es la primera de lo que pretendo será una serie de escritos basados en en libro de Génesis. Espero que sean de bendeción para todos los lectores.

Como muchos saben, Génesis significa principio u orígenes. De hecho, el primer verso de este libro dice eso exáctamente: En el principio… Tampoco es casualidad que sea el primer libro que aparece en nuestras Biblias.

Este libro fue escrito por Moisés junto con los otros libros que forman el Pentateuco o la Ley. Esta demás decir que no fue escrito en el principio del mundo, sino que se escribió unos mil seiscientos años después de la creación. Quizá nos sirva un poco entender cómo era el mundo durante esa época.

En ese entonces las religiones eran todas idólatras, politeístas, que adoraban a reyes que seconsideraban semidioses, y adoraban animales. Todas esas religiones estaban marcadas por una pronunciada inmoralidad sexual. Dentro de esos movimientos se creía que debían darles a sus dioses para que ellos les bendijeran. La salvación se ganaba mediante complacensia; era como un sistema de trueque. Tenían los dioses de la fertilidad, de las cosechas, que pedían sacrificios y ofrendas para derramar sus bendiciones sobre la tierra. Eran dioses egoístas y caprichosos, entre ellos estaban BaalAstarot.

Básicamente existían dos tipos de religión. La religión pagana que se conoce gracias a la historia, y la religión cristiana que es revelada. La religión pagana fue un invento, una creación de los hombres, con algunos vestigios de verdad. La religión cristiana se reconoce por medio de un libro, el cual es revelado por aquel único que estaba en el principio y nos puede contar lo que sucedió, es decir, Dios mismo.

Hoy día existe una evolución de ese paganismo, en el que no usan ya el nombre de Baal ni deAstarot, sino que han reemplazado a esos dioses por uno a quien llaman Dios, y lo confunden con el Dios de la Biblia (incluso utilizan la Biblia para predicarlo), pero es muy diferente del Dios deAbraham, Isaac y Jacob. Es un dios caprichoso y egoísta, que pide ofrendas, ofreciendo trueque por la salvación. El paganismo sigue vigente y se propaga, pero ahora con Biblia en mano. Y muchos, creyendo que son cristianos, van en pos de falsos profetas y maestros de este dios, ungidos apóstoles que dedican sus predicaciones a promover el intercambio con aquel dios inventado, tergiversando las palabras del Dios verdadero y confundiendo y engañando incluso a los escogidos.

El Génesis es un libro histórico también. Como cristianos, debemos aproximarnos al Génesis (y a la Biblia en general) para conocer la historia. En contraste con esto, la religión pagana sólo quiere vivir y SENTIR el momento, sin interés por la historia. Es un movimiento místico, que se enfoca en las EMOCIONES sin importar el cómo ni el porqué. Pero la religión bíblica es histórica. Es cierto que Dios nos hace sentir, pero lo que produce en nosotros tiene contenido. No son simples emociones vacías y sin razón. No es éxtasis, ni pérdida del control, ni perdida del conocimiento, ni balbuceos, ni mareos, ni caídas… podría seguir… Dios nos relata en Su Palabra quién es Él y qué ha hecho, y trae una experiencia muy diferente. El cambio en nuestras vidas no se basa en una emoción pasajera, sino en lo que Dios ha hecho. Es una historia real, registrada y dada a conocer por el propio autor.

Algunos se podrían pregunta: ¿Por qué Dios no empezó Su libro con la revelación de Jesucristo? ¿Por qué pasar por la molestia de contarnos todo lo anterior antes de hablarnos del Redentor? Bueno, porque es necesario conocer primero al Creador para poder conocerle luego comoRecreador. Es necesario comprender cómo estaba el mundo “en el principio” para comprender donde está ahora. Nuestra religión es histórica, nuestro Dios es un Dios que actuó, actúa y seguirá actuando en la historia, con y a través de personas reales, que va más allá de una experiencia momentánea, sino que se desenvuelve y se revela a lo largo de toda la historia de la humanidad, desde el principio y hasta el fin. Este será nuestro enfoque al estudiar el libro de Génesis.