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ABRAHAM

Publicado: diciembre 20, 2011 en Estudios Bíblicos, Génesis
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AUTOR, DADOR Y CONSUMADOR

Ahora veremos la historia de Abraham, en una serie de cuatro artículos. Empezando por el pacto establecido por Dios con Abraham, pasando por su importancia como cabeza de pacto, sus debilidades y sus fortalezas.

Génesis 12:1-3

Si vemos el contexto de la historia, en el capítulo 11 de Génesis, en el versículo 31, hacia el final, se nos dice que el padre de Abram había salido de Ur de los Caldeos e iba en dirección a Canaán, sin embargo se detuvo en Harán. Esta porción pareciera indicar que el padre de Abram, Taré, también había sido llamado.

Cuando Dios llama a Abram, lo saca de una tierra pagana, donde el nombre de Jehová no era conocido, se le llama en otra parte “casa de idolatría”. Notemos primeramente que Abram no es el que busca a Dios, sino que es Dios quien viene a Abram y lo llama. Al llamarlo le promete tres cosas:

1. Una tierra.

2. Descendencia.

3. Que en él, todas las familias (pueblos) de la tierra serían benditas.

Tras escuchar las promesas de Dios, lo que Abram hace es actuar en conformidad a lo que se le dijo. Ahora, entremos  un poco en la cabeza de Abraham.

Sabemos que Abram estaba mayor, pero más que eso, su propia esposa era una mujer mayor, y encima de eso era estéril. Si Abram se hubiese detenido a observar todas esas circunstancias, lo que Dios le estaba diciendo habría sonado ilógico, sin sentido, una locura. En ese caso se habría quedado cómodamente donde estaba. Pero no lo hizo. ¿Qué ocurrió en el corazón de Abram que le hizo tomar la decisión de dejar a todos los suyos y salir de aquella tierra hacia un lugar que él mismo no podía identificar aún?

Para Abram la decisión no fue una locura, ni ilógica ni insensata. Abram estaba de hecho actuando con plena confianza en que lo que hacía era lo más sensato. ¿Por qué salir de la tierra en la que vivía, dirigirse hacia una tierra desconocida, esperar tener un hijo con su mujer estéril, y una descendencia tal que alcanzaría a bendecir a todas las familias de la tierra era lo más sensato y lógico para hacer? ¡Por que el que le prometió todo aquello y quien lo estaba llamando era Dios! El proceso fue así:

1. Primer razonamiento: Mi esposa y yo estamos mayores y ella es estéril. Tener hijos no es una posibilidad. Aquí en Harán estamos cómodos.

2. Promesa de Dios: Te daré una tierra que te mostraré, te daré una gran descendencia, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.

3. Segundo razonamiento: Dios dijo que me daría una descendencia y una tierra, y que en mí serán benditas todas las familias de la tierra. Como él es Dios Soberano, Todopoderoso, Inmutable, y Verdadero, puedo confiar en sus promesas, las doy por un hecho.

4. Confianza activa: Me voy.

Notan el proceso: primero Abram recibe una promesa, un conocimiento por parte de Dios, información que antes no tenía. Luego hace uso de razón en torno a lo que conoce, y aunque no es lo más lógico ante los ojos humanos, su pensamiento es moldeado por la palabra de Dios. Finalmente, actúa con plena confianza y sale de su tierra seguro de que recibirá lo que se le ha prometido.

Esto es fe: conocimiento de Dios seguido por un razonamiento que gira en torno a ese a conocimiento, lo cual desemboca en una confianza activa. La verdadera fe siempre termina en obras. “La fe sin obras es muerta”.

Sabemos, por Filipenses 1:29, que ni siquiera la fe con la que actuó Abram provenía de sí mismo, sino que todo fue un don de Dios.

En nuestro caso no fue tan diferente como en el caso de Abram. Al igual que él, fuimos llamados de una tierra de esclavitud al pecado, casa de idolatría, donde estábamos completamente sujetos al castigo de la ira de Dios. (Porque la paga del pecado es muerte). Pero estando ahí, nos vino una pieza de información que no conocíamos: Somos pecadores, nada de lo que hacemos puede agradar a Dios porque  está manchado por nuestra propia maldad, y debido a esa maldad estoy sujeto a muerte, al castigo de Dios. Pero de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Cristo, quien tomó mi lugar y sufrió el castigo que me tocaba a mí, muriendo en la cruz, derramando su sangre para que mis pecados no sean tomados en cuenta más. Entonces razonamos: por mis propias fuerzas no puedo agradar a Dios, todo lo que hago está manchado por mi pecado; pero hay perdón en Cristo, debo confiar en él como el único medio que tengo para ser reconciliado con Dios. Entonces creo en Cristo. Y al igual que con Abram, nada de esto provino de mí, sino que Dios lo hizo posible.

Génesis 15: El voto

Dios le confirma su promesa a Abram mediante un rito. Este ritual era bastante común en los tiempos de Abram. Las dos partes que están negociando pasan en medio de animales partidos como diciendo: “que esto y peor me pase si yo no cumplo con mi parte del trato.”

En la narración vemos que Abraham prepara los animales para realizar el ritual. Pero Dios comienza a tardarse. Abram hasta tiene que empezar a espantar las aves de rapiña que quieren comerse los animales muertos. Entonces ocurre algo maravilloso. Dios hace que Abraham se quede dormido. Y mientras él duerme, Dios pasa por en medio de los animales, en forma de fuego y humo, como diciendo: “que esto o peor me pase si no se cumple este pacto.”

Génesis 17: La señal

En este capítulo Dios establece una señal con Abraham, una señal del pacto. Esta señal sería una muestra de su propio compromiso por todas las generaciones por venir de cumplir con el pacto establecido. (Ver Gálatas 3:6-9, 29)

A lo largo de toda esta historia podemos resaltar que el actor principal no es Abraham, sino Dios mismo. Y como descendientes que somos de Abraham, debemos confiar en este pacto que abarca incluso nuestras familias. No que todos en nuestra familia vayan a ser salvos, pero todos gozarán de las bendiciones de ser hijos del pacto de Dios con nosotros. La promesa sigue siendo la misma, y Dios sigue siendo el mismo, y nosotros somos el cumplimiento de esa promesa, la bendición de Dios derramada en todas las familias de la tierra. Ese es el don de su Espíritu Santo en la iglesia universal.

 

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TRASFONDO DE LOS PACTOS DIVINOS:

¿QUÉ ES UN PACTO?

Un pacto es un vínculo de sangre administrado soberanamente. Al decir que es un vínculo de sangre, es lo mismo que decir de vida o muerte.

Vínculo

El pacto siempre establece una relación entre dos partes. Es un vínculo o una unión. En el caso del pacto divino, siempre es establecido mediante una declaración verbal. Dios mismo declara la base de su relación con su creación, comprometiéndose por gracia con sus criaturas mediante un pacto que él mismo establece. En estos casos, las dos partes del pacto son el Creador y algún representante de sus criaturas.

Voto

El voto puede ser verbal o un acto simbólico, como ofrecer un regalo, compartir comida, levantar un monumento, rociar la sangre de algún sacrificio, ofrecer un sacrificio, o dividir animales. En el caso del pacto entre Dios y Abraham, en el siguiente artículo, este último es el voto que Dios escoge para establecer su pacto con el padre de la fe, aunque lo hace con un giro notable. Por medio del pacto, ambas partes quedan comprometidas una con la otra.

De Sangre (En Sangre)

El pacto divino tiene implicaciones de vida o muerte. De hecho, el lenguaje utilizado en el Nuevo Testamento es literalmente “cortar un pacto”, incluso a veces aparece sólo “cortar” y se sobreentiende que se refiere a un pacto. Se entiende, entonces, que conlleva una relación directa con la sangre.

El pacto divino continúa vigente aún más allá de las personas que se encontraban vivas en el momento del corte. (Dt. 7:9) Una vez establecida la relación, nada sino el derramamiento de sangre puede librar las obligaciones incurridas en el caso de que se viole el pacto. En otras palabras, en caso de que el pacto sea roto por alguna de las partes, solo el derramamiento de sangre podrá  remediarlo.

De esta manera, la muerte aparece de dos formas en un pacto: Al principio, de manera simbólica, anticipando una posible violación. Luego, cuando una parte ha violado el pacto experimenta la muerte como consecuencia del compromiso hecho. En el caso del pacto hecho entre Dios y la humanidad, los hombres rompimos el pacto, y debíamos pagar con nuestras vidas. Es en este contexto que la sustitución de Cristo se vuelve esencial, pues murió en lugar de los que violaron el pacto.

En otras palabras, el hombre rompió el pacto, y como consecuencia debía morir. Cristo tomó sobre sí la maldición del pacto, y murió en lugar del pecador. Por esto Cristo habla del nuevo pacto establecido en su sangre.

Administrado Soberanamente

El pacto establecido por Dios en la Escritura tiene un carácter soberano. Quiere decir que es unilateral, Dios lo administra, y por ende no se puede negociar, ni regatear, ni contraer. El Dios soberano dicta las condiciones del pacto.

Este fragmento contiene un resumen basado en el libro “The Christ of the Covenants” por O. Palmer Robertson.

NOÉ

Publicado: septiembre 11, 2010 en Génesis
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Después de la salida de Adán y Eva del Huerto, Dios les da dos hijos, Caín y Abel. Podemos asumir que Adán fue fiel en transmitir la promesa hecha en Edén a sus hijos, y sabemos que ellos conocían de Dios. Cuando Caín mata a Abel y es expulsado y castigado por Dios, este se aleja de Dios y su linaje termina en pecado y venganza. Dios, por otro lado, restituye el hijo asesinado por medio de Set, el cual continúa la linea de los elegidos. Desde Adán hasta Noé tenemos solo diez personas, cada uno transmitiendo a su hijo la promesa hecha en el huerto. Todos ellos tenían su mente puesta en aquel evento, mientras los hijos de Caín vivían de manera corrupta.

EL DILUVIO

Entonces Dios llama a Noé como cabeza de pacto, y entra en una relación con él. Dios lo llama porque tiene pensado decrear el mundo, y regresarlo al agua, por medio de un diluvio universal. El diluvio es el juicio de Dios sobre la humanidad por su maldad, por su pecado, por no guardar las distinciones ni la promesa. En el futuro habrá un juicio similar, cuando Dios renueve su creación por medio del fuego. Noé, como cabeza de pacto, es rescatado junto con sus hijos; así se salvan él y su esposa, sus tres hijos y las esposas de sus hijos.

EL ARCA

Comienza el diluvio, y en medio de toda aquella destrucción y caos se ve una embarcación que flota a la deriva, sin timón y sin vela, llevada de un lado a otro, y dentro de ella el último vestigio de orden en el mundo. El arca es como un pequeño mundo ordenado, un micromundo, con tres pisos que representan el cielo, la tierra y debajo de la tierra. En cierta forma el arca es también como un templo. Esto porque las únicas veces que Dios da medidas específicas para construcciones en la Biblia son para el tabernáculo y para el templo. El arca es como un templo porque en ella se guardaban aún las distinciones establecidas por Dios que en el resto del mundo se habían perdido.

EL PACTO

El pacto con Noé aparece en dos partes. Primero, antes del diluvio, Dios lo escoge como representante, así como lo había hecho con Adán, y así como lo hizo con Jesucristo, nuestro representante, y establece de manera formal lo que quiere de Noé y le comunica exactamente lo que tiene planeado hacer, de tal forma que Noé predica (2 Pedro 2.5) con propiedad y anuncia que se avecina un diluvio, ante la incredulidad de los hombres.

Al igual que Noé, nosotros los creyentes conocemos los detalles del pacto, ya que Dios no nos ha ocultado nada en este sentido. Los pseudocristianos se atribuyen nuevas revelaciones, como si se necesitara ser especial para conocer el pacto. Y aseveran que por su posición espiritual especial tienen acceso a cierta información que los demás no conocen. Como en el misticismo, estos son los shamanes y los brujos que conocen la verdad, y la dan a conocer a los demás que no pueden. Los creyentes tenemos acceso a todos los detalles del pacto y a los planes de Dios porque él los ha dejado revelados en su Palabra. Él nos ha dado a conocer todo lo que debemos saber con respecto a su pacto, sus promesas, sus planes, y su obra en y a través de nosotros. Su Palabra es fiel y se va a cumplir, como lo ha hecho desde siempre. No debemos buscar novedades en el cristianismo, sino recordar lo que ya Dios nos ha enseñado y transmitirlo.

La segunda parte del pacto se da después de salir Noé del arca. Cuando sale ofrece sacrifico en holocausto. ¿Por qué lo hace? Imaginen:

Noé viene saliendo de un pequeño orden, micromundo, un templo donde había sido rescatado por la gracia de Dios junto con su familia. Sale a un mundo que ha sido purificado por Dios, y observa la devastación ocasionada por su generación. Al ver el mundo después de haber sido purificado, no le queda sino comprender cuán santo es Dios, y cuán pecador él es. Noé ofrece holocausto, que es ofrenda quemada totalmente, porque reconoce su propio maldad.

Entonces Dios establece su pacto con Noé, y le dice que debe multiplicarse y llenar la tierra, al igual que los animales que salieron del arca con él. Además, por primera vez, se le permite al hombre comer carne de animales. Antes de esto, tanto animales como el hombre eran todos vegetarianos. Es posible que esta libertad haya ocasionado la extinción de muchas especies “prehistóricas”. Los hombres no debían ingerir la sangre de los animales, ya que esta representa su única esperanza. El perdón de sus pecados está presente en el derramamiento de sangre, por eso se debe respetar. También se instituye la pena de muerte, la cual sigue vigente hasta la actualidad. El hombre o animal que derrame sangre de hombre, por la mano del hombre deberá ser puesto a muerte, porque el hombre fue creado a imagen de Dios. Por eso no es lo mismo matar un perro que matar a un hombre. Por eso matar un pájaro no es considerado un homicidio, aunque sí somos llamados a ser mayordomos de la creación, y a no matar despiadadamente ni arrasar con los seres creados por Dios solo por diversión. Los hombres, al ser los únicos creados a imagen de Dios, tienen una posición privilegiada en medio de la creación, y su homicidio debe ser considerado serio y debe ser castigado con la muerte.

Este pacto con Noé es también conocido como el pacto de preservación, porque Dios promete que “mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán”. Dios promete cuidar de su creación y encargarse de todos los ciclos necesarios para la vida continúen ininterrumpidos. Podemos acostarnos cada noche con la confianza de que al día siguiente saldrá el sol. No debemos preocuparnos como lo hacen los incrédulos que viven agobiados por la idea de que el mundo puede acabar, que la naturaleza se encargará de destruirnos, que “volveremos al hielo”, que la vida acabará por culpa del hombre. Aunque es cierto que nuestras acciones han tenido efectos negativos, no debemos temer al 2012. Dios estableció una señal para sí mismo: el arco iris. Cuando él lo ve se acuerda de su pacto con la humanidad, y podemos descansar en la promesa de que él preservará la vida en este planeta “mientras la tierra permanezca”.

Vimos en la entrada anterior cómo Dios santificó su creación estableciendo distinciones, diferencias entre todo lo que había creado. Todo cuanto hay en el cielo, en la tierra y debajo de ella, está separado, distinguido, ordenado por la propia mano de Dios. Y dice Génesis 1.31, que Dios miró todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. La creación estaba ordenada, en perfecta paz y armonía. No había conflicto en el mundo, a pesar de las grandes diferencias. Cabe destacar aquí que la idea diabólica de que el conflicto precede a la paz es completamente antibíblica. El conflicto no estaba antes de que hubiera paz. Dios creó este mundo en perfecta paz, en armonía y en relaciones perfectas. Y las diferencias que existían en el principio no eran razón para que surgieran conflictos, como lo son hoy en día. Entonces, cabe preguntarse ¿De dónde, pues, nacen los conflictos? Si no vienen de las diferencias, como muchos hemos pensado y argumentado a lo largo de la vida, cayendo incluso en decir que es normal que dentro de las iglesias haya discusiones y pleitos, porque todos somos diferentes y esto simplemente produce conflictos; entonces, ¿de dónde salieron? ¿Quién los ocasionó?

Si observamos las historias de la creación existentes entre distintas tribus y culturas antiguas, vemos que difieren grandemente de la historia bíblica en un punto específico que es de vital importancia para la correcta comprensión del plan de Dios para la humanidad. En esas historias antiguas cuentan, básicamente, que el mundo estaba en caos, que había desorden y las criaturas luchaban entre ellas constantemente, había conflictos incluso entre los dioses que intentaban controlar los elementos de acuerdo a sus caprichos personales. Entonces, en medio de todo ese caos, a algún dios se le ocurre crear, quizá para obedecer otro capricho, a una criatura inocente y ajena a todo aquello. Entonces se excusa al hombre colocándolo después del conflicto. Sin embargo, Dios no intenta ocultar la verdad en Su Palabra. Él revela que el conflicto, el dolor, el caos, todos son producto de la caída del hombre.

Las diferencias no son las que producen conflicto. Nunca usemos las diferencias como excusa. La raíz del problema es otra.

GÉNESIS 1.27

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó.”

¿Por qué Moisés consideró importante hacer mención de esta distinción de manera tan específica? Recordemos que el libro de Génesis fue escrito cerca del 1400 a.C., esto es alrededor de 1600 después de la creación. El pueblo de Israel estaba dirigiéndose a la tierra prometida, venían de un pueblo pagano, Egipto, y se dirigían a otro en el cual ellos constituirían el medio por el cual Dios los juzgaría por su idolatría y corrupción. En medio de estas culturas paganas se movía una corriente que parece acompañar todo culto y toda cultura que da su espalda a Dios: el homosexualismo.  Desde el gran Imperio Romano, hasta las culturas más desconocidas nativas americanas, se ha descubierto que gran parte, sino todas ellas, han practicado la homosexualidad. No es de extrañarse que Moisés considere esta distinción digna de ser destacada en medio de pueblos que posiblemente practicaban tal descarrío. Aprendamos a ver las distinciones que Dios estableció, y a honrarlas y glorificarlas en medio de un mundo que se dedica con ahínco a destruirlas.

EN EL PRINCIPIO Génesis 2

“Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra”

Repasemos brevemente las distinciones más importantes que hemos visto hasta ahora.

I. Distinción entre todas las criaturas: Dios separó todo lo que creó, dándole una función y una forma específica de acuerdo a Su soberana voluntad.

II. Distinción entre el hombre y las otras criaturas: Dios separó al hombre del resto de la creación, haciéndolo a Su imagen y dándole responsabilidad y dominio sobre todo lo creado.

III. Distinción entre hombre y mujer: en un mundo que se dedica a corromper las distinciones, es de especial importancia ver que Dios creó al hombre y a la mujer distintos. Estudiaremos esto más a fondo adelante.

IV. Distinción entre el Creador y sus criaturas: Todas las distinciones hechas por Dios señalan a un Creador por encima de la creación; un Dios Todopoderoso y separado del mundo creado; un Dios Santo.

Cuando Dios creó al hombre, estableció un pacto con él en el huerto de Edén. Dice el versículo 15 que lo tomó y lo puso en el huerto para que hiciera dos cosas: labrar y guardar. Entonces, el trabajo, como muchos piensan, no es resultado de la caída del hombre. El hombre desde su creación ha tenido que trabajar. Dios le mandó labrar el huerto, debía meter su mano y dar cuidado a la fracción de tierra que Dios le había obsequiado. Pero además debía guardarlo. La idea de guardar en el hebreo da a entender un cuidado, o una guardia casi militar. ¿Por qué Dios daría esta orden al hombre? Sencillamente porque había un enemigo al asecho. Ya desde ese momento Adán sabía que debía mantenerse alerta porque existía un peligro real, un enemigo que buscaría la oportunidad para atacar.

Entonces Dios da una última orden al hombre: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Ese árbol en medio del huerto estaba ahí para que el hombre recordara que esa creación no era suya. Así el hombre, cada vez que viera el árbol, recordaría que había un Dios Creador, quien era el verdadero dueño de todo cuánto existía, y que él no era más que un mayordomo al servicio de ese Dios. Sin ese árbol, posiblemente el hombre se habría olvidado de Dios, y habría creído que ese mundo era suyo. La misma idea se encierra en el mandamiento de guardar el séptimo día. El hombre debía recordar que el tiempo no era suyo sino de Dios, y que su vida no le pertenecía. Sin el último día, el hombre habría continuado trabajando y ambicionando cada vez más y más. Hoy en día, es valioso recordar estas dos verdades, para que no nos encontremos atrapados en la rutina y esforzándonos por acumular más y más para nosotros mismos. Este mundo que Dios nos dio, no es nuestro; nuestro trabajo, y el fruto que obtengamos de él, tampoco nos pertenecen; y nuestra vida, el tiempo que disfrutemos aquí en la tierra, tampoco es nuestro. Dios es el gran Señor y Creador de todo lo que hay, y le debemos todo lo que tenemos a Él. Estas dos, el árbol y el sábado, fueron las señales del primer pacto con Adán.

Siempre los pactos que Dios ha establecido en la historia han implicado a un pueblo que es representado por una cabeza. En el caso de Abraham, el pueblo de Israel, en el caso de Aarón, todos los sacerdotes, en el caso de David, los reyes de la tribu de Judá, En el caso de Adán, él era la cabeza de toda la humanidad.

Hay quienes tienen problemas para aceptar esta verdad. Dicen en sus corazones “¿por qué se me juzga a mí por algo que yo no hice? Yo no escogí ser parte de ese pacto con Adán. Si él cayó, fue problema suyo, no mío. ¿por qué tengo que llevar yo una herencia de pecado que no pedí?” Hermanos, Dios siempre ha trabajado de esa manera, y si alguno desearía no ser parte de ese pacto con Adán, de igual manera se estaría oponiendo al pacto que nos ha redimido en Cristo Jesús. Al igual que Adán fue cabeza de la humanidad, ahora Jesús es en el mismo sentido la Cabeza del Pacto de Gracia con la Iglesia. Porque como por un hombre entro la muerte al mundo, así también por un hombre, Cristo, entra la vida y el perdón de pecados para con los escogidos de Dios. Si el pacto con Adán no nos afectara a todos, tampoco nos afectaría el pacto con Jesús, Cabeza de la Iglesia. Todo estaba en el plan de Dios desde el principio, para alabanza de Su gloria.

Recordemos que en todo esto, la mujer todavía no existía. El hombre recibe la tarea de nombrar a toda criatura que Dios le trajo, y lo hace pero no encuentra entre ellas ninguna criatura que este a su nivel. Es entonces cuando Dios crea a la mujer de la costilla del hombre. La mujer fue creada de la misma esencia del hombre, compartían la misma naturaleza. Por eso, el hombre al verla declara, “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona,porque del varón fue tomada.” La mujer también fue creada con una función distinta a la del hombre. Ella habría de ser ayuda idónea para él. Nótese que la misión que Dios le da al hombre, se la da antes de que siquiera existiera la mujer. Del hombre era la responsabilidad de labrar y guardar el huerto; de la mujer era la responsabilidad de brindar ayuda al hombre, que no podría lograrlo en soledad. “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” En ese momento, el hombre no era superior a la mujer ni viceversa; simplemente tenían funciones diferentes. Al igual que un árbol de pera sólo produciría peras, y uno de manzanas daría sólo manzanas, el hombre era responsable de la creación ante Dios, esa era su función, y la mujer debía ser ayuda para el hombre, esa era su función.

La comprensión de esta distinción y su correcta asimilación en nuestros corazones, debe producir en nosotros el rechazo por dos corrientes mundanas, una de las cuales ya mencioné. Primero, el homosexualismo pierde cabida, ya que el hombre no puede cumplir la función de la mujer, ni la mujer la función del hombre. Entonces no se satisfará la necesidad de ayuda idónea de un hombre por otro hombre, ni la necesidad de una cabeza de una mujer por otra mujer. “Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer“. En esa sola frase se encierra toda la idea de la familia que Dios tenía en mente.

El otro movimiento que cae es el del feminismo; la idea de que la mujer, ya que es igual al hombre, puede cumplir con las mismas funciones que el hombre. Pregunto: ¿Por qué querría la mujer llevar sobre sí doble responsabilidad? Ya es responsable de su función como ayuda idónea, y ahora quiere llevar la responsabilidad del hombre también. El hombre es responsable ante Dios por “labrar” y “guardar” su casa, y la mujer debe procurar ser su ayuda en esa labor pesada que le corresponde a su marido, y hacerla más fácil para él. Ahora, debemos también ser conscientes de que los hombres, especialmente en nuestras culturas latinoamericanas, brillan por su ausencia en los hogares, y esto ha obligado a muchas mujeres a tomar sobre sí la responsabilidad que no les toca. En parte es culpa de los hombres, que somos lentos para actuar como cabezas, y que no tomamos la tarea que nos toca, el que ahora la mujer no sólo tenga que, sino que quiera llevar toda la carga familiar sobre sus hombros. Todo esto no es más que otro resultado de la caída del hombre.

En la próxima entrada veremos la caída de Adán y Eva al incumplir las que eran sus responsabilidades. Satanás se mete y ataca cada una de las distinciones que hemos mencionado antes y aliado con el hombre y la mujer dañan lo que Dios había creado. Pero al final, Dios deja una luz de esperanza que señala a Jesucristo.